A una hora de les grandes capitales catalanas, encontramos la Alta Anoia. Un territorio lleno de pueblos con calles estrechas y empinadas, lleno de leyendas y tradiciones que han perdurado a lo largo del tiempo, pequeñas iglesias y fuentes escondidas que ya sólo conocen los ancianos de los pueblos.
Formada por doce municipios que rodean el altiplano de Calaf, con un paisaje muy contrastado por los grandes llanos de cereales interrumpidos por diversas sierras cubiertas de bosque mediterraneo, donde aún encontramos signos del tiempo, desde la prehistoria, pasando por épocas de carlistas y de bandoleros hasta la guerra civil.
Municipio de la Anoia, al límite norte de la comarca, en la zona de contacto entre la Segarra, el Bages y el Solsonès. Drenan el término los torrentes de la Roca y de Sant Pesselaç, afluentes de la cabecera del Llobregós.
El cultivo de cereales (trigo y cebada) ocupa gran parte del término municipal, el resto son bosques de matorral y carrascas, robledales y algunos pinares.
La ganadería complementa la actividad agrícola.
El municipio se formó alrededor del antiguo castillo de Calonge. El Castillo de Colonge es nombrado ya en el año 1010. Actualmente el castillo está en ruinas, queda algún muro y una sala rectangular cubierta con una bóveda de cañón y un gran arco al mediodía y el fragmento de una torre de planta circular.
Al pie del cerro donde se levanta el Castillo encontramos Sta. Fé de Calonge, correspondiente al románico tardío (finales del s. XI), mantiene aún su estructura básica a pesar de las reformas hechas especialmente durante el s. XVIII. Recientemente ha sido restaurada.
En el término municipal encontramos las aldeas de Aleny, Sant Pere de l'Arç, Dusfort, Mirambell, el Soler y el antiguo casón de Castelltort.
En el municipio de Calonge de Segarra, en medio de una plana fértil, encontramos un pequeño núcleo formado por la iglesia y un par de calles. Destacan un padrón-oratorio y la iglesia de St. Pere de l'Arç, una de las mejores iglesias románicas de la zona. Documentada desde el 1038 y consagrada el 1147, es una obra románica muy simple, formada por una sola nave y ábside semicircular a levante y campanario de espadaña con doble apertura modificado. La nave recibe luz de todos lados con ventanas de doble esqueje, coronadas con arcos de medio punto adovelados. Conserva en el ábside un friso de arcuaciones ciegas extremadamente cortas. Ha sufrido diversas remodelaciones durante los siglos XVIII y XIX, momento en el que posiblemente se construyó el campanario con su forma actual. El ábside y parte de la estructura exterior, parece que corresponden a la factura del siglo XII, poco antes de su consagración. En su interior encontramos un retablo barroco, muy interesante, la cruz procesional y otros elementos de culto.